Bogotá tiene un par de montañas pero también puede ser pensada como un cúmulo de llanuras por las que, en lugar de ganado tipo exportación, circulan hombres-bestias que braman en medio de los ensordecedores ruidos de la ciudad. Algunos de estos especímenes, más bien de tipo importación, provienen de todas partes de Colombia y a fuerza de resistir y conservar un poco de su cultura, aprovechan sus habilidades musicales como si fueran un machete para abrirse paso entre las espesas llanuras de asfalto..